La Prensa Honduras.

Cuando el fenómeno de las maras comenzó en Honduras, los pandilleros solían robar carteras, artículos domésticos, radios de carro, gorras o bicicletas; pero en los últimos años, el cambio ha sido drástico, pues ahora se especializan en el sicariato, extorsiones, tráfico de armas, narcotráfico, lavado de activos, secuestro y robo de vehículos.

Además están distantes aquellos días en que usaban pistolas de bajo calibre, cuchillos, chimbas o velocímetros para cometer sus actos delictivos pues ahora cuentan con potentes variedades de armamento y costosa logística para ejecutar sus crímenes.

Han tenido mutaciones visibles y a veces imperceptibles que se produjeron hasta hoy luego de dos décadas de convivencia de las pandillas, no solo en el territorio hondureño, sino en los países centroamericanos del triángulo norte como se les conoce a Honduras, El Salvador y Guatemala.

El estudio “Situación de las Maras y Pandillas de Honduras 2010-2011” elaborado por el PNPRR (Programa Nacional de Prevención Rehabilitación y Reinserción Social), realizado durante el período comprendido entre septiembre de 2010 y enero del 2011, revela la elaborada organización que tienen en el presente las pandillas, lejos ahora de aquella simple estructura que se limitaba a definir quién era jefe y quién subalterno.

Los resultados del estudio serán presentados hasta la próxima semana, pero Diario LA PRENSA tuvo acceso exclusivo al documento.

Evolución de las maras

El informe sobre maras y pandillas da a conocer que tanto la pandilla 18 como la mara Salvatrucha o MS13 tienen contadores responsables de legalizar sus activos y de llevar las nóminas de pago a todo aquel que haya brindado servicio, sean estos abogados, militares, miembros del Poder Judicial, periodistas, médicos, etcétera.

También utilizan el sistema financiero nacional, por medio de allegados a las pandillas, los cuales prestan sus nombres para abrir cuentas en los bancos y adquirir legalmente armas, vehículos y bienes inmuebles.

Las pandillas diversificaron sus actividades y comenzaron a incursionar en el mercado convencional invirtiendo en algunas actividades económicas lícitas, como el transporte urbano, específicamente el negocio de taxis y rapiditos.

Para los gastos menores utilizan fondos de una especie de “caja chica” y además se auxilian de “buzones” (lugares facilitados por vecinos para almacenar entre otras cosas, dinero, armas, drogas, etcétera). A los  vecinos que utilizan para esos fines primero les entregan una suma de dinero importante y luego le van solicitando del mismo pequeñas cantidades para cubrir sus necesidades más inmediatas.

El estudio dice que mareros y pandilleros han invertido en algunas pequeñas y medianas empresas, es decir, que se están insertando en la economía formal de la sociedad.

Debido al cobro del impuesto de guerra, sus trabajos relacionados con drogas, los pagos que reciben por efectuar tareas de sicariato, secuestros, etcétera, ahora las pandillas son asociaciones con ingresos importantes que cubren las necesidades de todos sus miembros y en algunos casos incluso apoyan económicamente los sectores en que residen. Para garantizar sus inversiones, catalogaron la corrupción como uno de los peores errores de quienes los cometen.

Siguiendo el mal ejemplo

Las pandillas permitieron surgir, debido al fenómeno de la imitación, a otras con iguales o similares características grupales.

Es decir, que cometen asaltos, extorsiones, tráfico de drogas, entre otras. Para algunos entendidos en la materia, el sector del Bajo Aguán, ubicado en el departamento de Colón, conforma una inmensa zona gris o zona sin ley que es el bastión principal de grupo de narcotraficantes, que encontraron en el sector las condiciones propicias para poder llevar a cabo su accionar delictivo.

En la ciudad de Tocoa, departamento de Colón, existe una pandilla al estilo MS13 y la 18, denominada como Mara 61.

Esta agrupación se dedica a brindar seguridad a los grupos de narcotraficantes que operan en esa zona desde hace algún tiempo. Es el brazo armado de grupos de narcotraficantes, quienes los contratan para que asuman las funciones de soldados para garantizar su libre accionar. Según las estimaciones,  en el sector hay por lo menos 67 miembros activos, de los cuales 45 son varones y 22 son mujeres.

Este es un ejemplo de la evolución que han tenido las pandillas en sus actividades.

Problema internacional

Jim Rose, asesor regional en materia de maras de la oficina de Cumplimiento Internacional de las Leyes Antinarcóticos del Departamento de Estado de Estados Unidos de América, manifestó en una entrevista exclusiva a Diario LA PRENSA que el problema de las pandillas ya ha traspasado fronteras.

“Las maras son un problema internacional y tenemos comunidades afectadas por la violencia pandillera en la mayoría de las ciudades en Estados Unidos y se ha notado que hay una evolución de algunas pandillas para trascender a nivel transnacional; entonces por eso estamos colaborando con nuestros vecinos de Centroamérica para combatir este fenómeno”.

Rose habló sobre las causas que dan origen a la proliferación de pandillas en los países del triángulo norte centroamericano.

“Es un problema que tiene muchas fuentes, la conflictividad y desintegración de la familia, falta de oportunidades económicas, de educación, y por eso tenemos que trabajar todos juntos, sociedad civil, Gobiernos, sector privado e instituciones para establecer un ambiente de esperanza para la juventud porque no estamos en una guerra contra la juventud, estamos en una guerra contra la desesperanza.

Este es un problema que no puede resolver solamente la Policía, las escuelas o el sector justicia o el Gobierno, tenemos que combinar en conjunto todos los recursos que tenemos para resolver este problema”.

El funcionario estadounidense consideró que es muy difícil establecer la cantidad de pandilleros que hay, porque muchos de ellos se mantienen en total clandestinidad.
“En mi opinión nadie sabe exactamente cuántas personas son las que integran las pandillas, son muchos, hay más pandilleros que policías en Centroamérica; pero la suma de miembros de pandilla depende en qué manera se cuenten.

Están los socios, los wannabe (aspirante a pandillero), o miembros de pacto o particulares; es difícil dictaminar cuántos son, pero hay muchos.

En El Salvador, por ejemplo, hay un estimado de 20,000 miembros de pandilla, pero otros dicen que son 60,000, así que depende de la fuente de estadísticas”.

Baja la cifra, crece el poder

Las medidas de control tomadas por Honduras, El Salvador y Guatemala para frenar a las pandillas fueron impactantes y extremas.

Un tratamiento diferente al problema dio Nicaragua, ya que su Gobierno se orientó más a la prevención que a la represión del fenómeno.

Con las medidas tomadas por el Estado hondureño, en especial las reformas al artículo 332 del Código Penal, conocida como Ley Antimaras, se contribuyó a reducir significativamente el número de pandilleros en el país.

Al introducirse la reforma, el artículo sobre la asociación ilícita quedó redactado de la siguiente manera: “Se sancionará con penas de nueve a doce años de reclusión y multa de L10,000 a L200,000, a los miembros y cabecillas y otros grupos que se asocien con el propósito permanente de ejecutar cualquier acto constitutivo de delito”.

Sin embargo, para tratar de tener un efecto aún más fuerte contra el fenómeno de las maras, a inicios de 2005 se hizo una nueva reforma al artículo 332, que quedó redactado así:

“Se sancionará con penas de 20 a 30 años de reclusión y multa de L100,000 a L300,000, a los miembros y cabecillas y otros grupos que se asocien con el propósito permanente de ejecutar cualquier acto constitutivo de delito”.

Además de las reformas del artículo 332, el Gobierno firmó un decreto presidencial que faculta a la Policía y Fuerzas Armadas a ejecutar allanamientos de morada sin orden judicial ni control del Ministerio Público.

Las medidas fueron acompañadas por operativos policiales y militares con nombres sugestivos, propios de batallas convencionales como: Operación Libertad, Plan Escoba y Libertad Azul. En estos operativos se detenía a una gran cantidad de jóvenes que tenían tatuajes.

Uno de los efectos de estas medidas es que provocaron también que una gran cantidad de jóvenes pandilleros decidieran retirarse de las pandillas, renunciaron o simplemente se calmaron, es decir, que se alejaron por un tiempo de la agrupación, pero sin renunciar a ella, lo que también produjo un fenómeno migratorio inverso al tradicional, es decir, de la ciudad al campo, y con ello un fenómeno típicamente urbano, como es el pandilleril, se trasladó a poblados rurales sin desaparecer totalmente del ámbito de las ciudades.

Algunos pandilleros decidieron emigrar a Estados Unidos y otros optaron por quedarse en México y allí dedicarse al tráfico de indocumentados y competir con los traficantes tradicionales de personas, conocidos como polleros o coyotes.

Sin embargo, si algo está claro es que a pesar de que las cifras indican que hay menos pandilleros, los hechos demuestran que las pandillas tienen más poder que nunca.

En la actualidad las maras o pandillas se organizan por barrios, en cada barrio hay una “clica”, la organización básica y elemental. Es una organización celular, asignada en determinado sector, según la disposición e intereses establecidos en el grupo.

Cada clica tiene un jefe y subjefes, y finalmente están los miembros del grupo, estos últimos son los llamados hommies o homeboys y su función es realizar las actividades ordenadas por los jefes. Es una organización cerrada, basada en la jerarquía vertical.

Hay clicas especializadas en diferentes tipos de labores y misiones: narcotráfico, tráfico de armas y sicariato. Generalmente estos grupos operan en lugares diferentes de donde esta ubicada su clica, con el objeto de no ser identificados.

Cambio en las prácticas grupales y resurgimiento

 Cambio en las pandillas:

- Dejaron de pintar sus grafitis en las paredes, que delataban su presencia en determinadas colonias.

- Se prohibió el tintarse a los nuevos miembros del grupo.

- Se dejó de utilizar la ropa típica de los pandilleros.

-Dejaron de rifar al barrio, de caminar como lo hacían y de hablar caló.

-Todas las noches duermen por separado y siempre en lugares diferentes.

-Sin embargo, la prohibición de tatuarse quedó atrás como se comprobó en uno de los centros de rehabilitación de San Pedro Sula, adonde pudo verse que niños entre 14 y 17 años portan en sus cuerpos  tatuajes clásicos de las pandillas, en sus torsos, espaldas y brazos, con el cuidado de no tatuarse en lugares fácilmente reconocibles, como la cara, cuello y manos. Estos niños son integrantes de pandillas posreforma 332 y sus tatuajes también.

-Ha habido un resurgimiento y fortalecimiento grupal, el producto del fracaso de las políticas “mano dura”. Las pandillas ya no está tan interesadas en la captación de nuevo recurso humano, como pandillero, al menos en grandes cantidades. Entre sus líderes se popularizó la frase: “Mejor pocos, pero locos”.

-Ahora se enfocan en el convencimiento de simpatizantes y aspirantes, cuya labor de conteo es muy difícil, pero se convirtieron en un bastión muy importante en las maras, que les hacen peticiones y recompensan muy bien, esos servicios de lealtad.

-Los simpatizantes y aspirantes desarrollan un papel de vital importancia, en un grupo que valora como nunca su invisibilidad y confía en ellos aquellas misiones que produciría en ellos el correr con riesgos innecesarios, como las de cobro de impuestos y rentas, siendo desarrolladas manera efectiva, por los mencionados. Por estos trabajos, los simpatizantes reciben una jugosa paga.

Foto: La Prensa de Honduras